1Ein Psalm der Nachkommen Korachs.2Groß ist der HERR und sehr zu loben in der Stadt unseres Gottes, hoch auf seinem heiligen Berg gelegen! (1Chr 16,25; Ps 87,1; Ps 96,4; Ps 145,3; Sach 8,3)3Schön erhebt sich der Berg Zion, die ganze Erde freut sich an seinem Anblick! Der Berg Zion ist der heilige Berg[1], dort steht die Stadt des großen Königs! (Ps 50,2; Kla 2,15; Mt 5,35)4Gott selbst wohnt in den Palästen Jerusalems und beschützt seine Stadt. (Ps 46,8)5Die Könige der Erde haben sich verbündet und sind gegen die Stadt marschiert. (2Sam 10,6)6Doch als sie sie erblickten, waren sie wie gelähmt; sie erschraken und flohen. (2Mo 15,15)7Zittern ergriff sie, wie eine Frau, die sich vor Schmerzen in den Wehen krümmt. (Jes 13,8)8Durch einen starken Ostwind zerstörst du die großen Schiffe von Tarsis.9Wir haben seit langem von der Herrlichkeit der Stadt gehört, doch nun haben wir sie mit eigenen Augen gesehen, die Stadt des HERRN, des Allmächtigen. Es ist die Stadt unseres Gottes, durch ihn wird sie für immer bestehen. (Ps 87,5)10Gott, wir denken über deine Gnade nach, wenn wir dich in deinem Tempel anbeten. (Ps 26,3; Ps 40,11)11Wie es deinem Namen zukommt, Gott, wirst du gepriesen auf der ganzen Welt. Dein Handeln ist voller Gerechtigkeit. (Jos 7,9; Jes 41,10; Mal 1,11)12Die Menschen auf dem Berg Zion sollen sich freuen, die Städte Judas sollen jubeln, denn du richtest gerecht. (Ps 97,8)13Wandert um den Berg Zion und betrachtet die Stadt Jerusalem; zählt ihre vielen Türme.14Bewundert die befestigten Mauern und bestaunt die Paläste, damit ihr sie künftigen Generationen beschreiben könnt. (Ps 78,5)15Denn so ist Gott. Er ist unser Gott für immer und ewig. Er wird uns allezeit führen und uns begleiten bis zum Tod. (Ps 23,4; Jes 58,11)
Psalm 48
Nueva Versión Internacional
von Biblica1Grande es el Señor, y digno de suprema alabanza en la ciudad de nuestro Dios. Su monte santo,2bella colina, es la alegría de toda la tierra. El monte Sión, en la parte norte, es la ciudad del gran Rey.3En las fortificaciones de Sión Dios se ha dado a conocer como refugio seguro.4Hubo reyes que unieron sus fuerzas y que juntos avanzaron contra la ciudad;5pero al verla quedaron pasmados, y asustados emprendieron la retirada.6Allí el miedo se apoderó de ellos, y un dolor de parturienta les sobrevino.7¡Con un viento huracanado destruiste las naves de Tarsis!8Tal como lo habíamos oído, ahora lo hemos visto en la ciudad del Señor Todopoderoso, en la ciudad de nuestro Dios: ¡Él la hará permanecer para siempre! Selah9Dentro de tu templo, oh Dios, meditamos en tu gran amor.10Tu alabanza, oh Dios, como tu nombre, llega a los confines de la tierra; tu derecha está llena de justicia.11Por causa de tus justas decisiones el monte Sión se alegra y las aldeas de Judá se regocijan.12Caminen alrededor de Sión, caminen en torno suyo y cuenten sus torres.13Observen bien sus murallas y examinen sus fortificaciones, para que se lo cuenten a las generaciones futuras.14¡Este Dios es nuestro Dios eterno! ¡Él nos guiará para siempre![1]
1¡Grande es YHVH, y digno de ser alabado en gran manera En la ciudad de nuestro Dios, en su santo monte,2Hermosa elevación, gozo de toda la tierra; Monte Sión, vórtice del Aquilón, Ciudad del gran Rey.3’Elohim entre sus palacios, descuella como alta torre.4He aquí, se aliaron los reyes de la tierra, Y avanzaron unidos;5Pero al verla así, quedaron abismados, Se turbaron, huyeron aterrorizados.6Allí les sobrecogió un temblor, Dolores como de parturienta.7Con el solano Quebraste las naves de Tarsis.8Tal como lo oímos, lo hemos visto, En la ciudad de YHVH Sebaot, la ciudad de nuestro Dios, ’Elohim la afirmará para siempre. Selah9Nos acordamos de tu misericordia, oh ’Elohim, En medio de tu templo;10Como tu Nombre, oh ’Elohim, Así tu loor llega hasta el extremo de la tierra, Tu diestra está llena de justicia.11¡Alégrese el Monte Sión! ¡Regocíjense las hijas de Judá a causa de tus juicios!12Rodead a Sión y andad alrededor de ella, Contad sus torres,13Observad atentamente su antemuro, Contemplad su ciudadela, Para que lo contéis a la generación venidera.14Que así es ’Elohim, nuestro Dios, eternamente y para siempre. ¡Él nos capitaneará más allá de la muerte!