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La Biblia Textual

Hijos de Dios

1 ¡Mirad qué clase de amor! El Padre nos ha concedido que seamos llamados hijos de Dios, y lo somos; por esto no nos conoce el mundo, porque tampoco lo conoció a Él.
2 Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser, pero sabemos que cuando Él sea manifestado, seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal como es.
3 Y todo el que tiene esta esperanza en Él, se purifica a sí mismo, como Él es puro.
4 Todo el que practica el pecado, también practica la infracción de la ley, porque el pecado es infracción de la ley.
5 Y sabéis que Él fue manifestado para que cargara los pecados, aunque en Él no hay pecado.
6 Todo el que permanece en Él, no peca; todo el que continúa pecando, no lo ha visto ni lo ha conocido.
7 Hijitos, nadie os engañe: El que practica la justicia es justo, como Él es justo;
8 el que practica el pecado procede del diablo, pues el diablo peca desde un principio. Para esto fue manifestado el Hijo de Dios: para que destruyera las obras del diablo.
9 Todo el que es nacido de Dios no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él, y no puede pecar, pues es nacido de Dios.
10 En esto son reconocidos los hijos de Dios y los hijos del diablo: Todo aquel que no practica la justicia no es de Dios, tampoco aquel que no ama a su hermano.
11 Porque éste es el mensaje que oísteis desde un principio: que nos amemos unos a otros.
12 No como Caín, que era del maligno y asesinó a su hermano; ¿y por qué razón lo asesinó? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas.
13 Hermanos, no os extrañéis si el mundo os aborrece.
14 Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, porque amamos a los hermanos; el que no ama, permanece en la muerte.
15 Todo el que aborrece a su hermano es homicida, y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él.
16 En esto hemos conocido el amor: en que Él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner la vida por los hermanos.
17 Pero el que tiene bienes en este mundo, y ve a su hermano en necesidad, y le cierra sus entrañas, ¿cómo podrá habitar el amor de Dios en él?
18 Hijitos, no amemos de palabra ni de lengua, sino con obra y de verdad.
19 En esto sabremos que somos de la Verdad, y persuadiremos nuestro corazón delante de Él;
20 pues si nuestro corazón nos condena, mayor que nuestro corazón es Dios, y Él conoce todas las cosas.
21 Amados, si el corazón no nos condena, confianza tenemos para con Dios,
22 y recibimos de parte de Él cualquier cosa que le pidamos, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que es grato ante Él.
23 Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesús el Mesías y nos amemos unos a otros, como nos ha dado mandamiento.
24 Y aquél que guarda sus mandamientos, permanece en Él, y Él en aquél; y en esto sabemos que Él permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio.
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