Synopse der Evangelien
Vergleiche ähnliche Bibelstellen (Nueva Versión Internacional):
Un profeta sin honra
53
Cuando Jesús terminó de contar estas parábolas, se fue de allí.
54
Al llegar a su tierra, comenzó a enseñar a la gente en la sinagoga. —¿De dónde sacó éste tal sabiduría y tales poderes milagrosos? —decían maravillados—.
55
¿No es acaso el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María; y no son sus hermanos Jacobo, José, Simón y Judas?
56
¿No están con nosotros todas sus hermanas? ¿Así que de dónde sacó todas estas cosas?
57
Y se escandalizaban a causa de él. Pero Jesús les dijo: —En todas partes se honra a un profeta, menos en su tierra y en su propia casa.
58
Y por la incredulidad de ellos, no hizo allí muchos milagros.
Un profeta sin honra
1
Salió Jesús de allí y fue a su tierra, en compañía de sus discípulos.
2
Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga. —¿De dónde sacó éste tales cosas? —decían maravillados muchos de los que le oían—. ¿Qué sabiduría es ésta que se le ha dado? ¿Cómo se explican estos milagros que vienen de sus manos?
3
¿No es acaso el carpintero, el hijo de María y hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están sus hermanas aquí con nosotros? Y se escandalizaban a causa de él. Por tanto, Jesús les dijo:
4
—En todas partes se honra a un profeta, menos en su tierra, entre sus familiares y en su propia casa.
5
En efecto, no pudo hacer allí ningún milagro, excepto sanar a unos pocos enfermos al imponerles las manos.
6
Y él se quedó asombrado por la incredulidad de ellos. Jesús recorría los alrededores, enseñando de pueblo en pueblo.
16
Fue a Nazaret, donde se había criado, y un sábado entró en la sinagoga, como era su costumbre. Se levantó para hacer la lectura,
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y le entregaron el libro del profeta Isaías. Al desenrollarlo, encontró el lugar donde está escrito:
18
«El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos,
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a pregonar el año del favor del Señor.»*
20
Luego enrolló el libro, se lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos los que estaban en la sinagoga lo miraban detenidamente,
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y él comenzó a hablarles: «Hoy se cumple esta Escritura en presencia de ustedes.»
22
Todos dieron su aprobación, impresionados por las hermosas palabras* que salían de su boca. «¿No es éste el hijo de José?», se preguntaban.
23
Jesús continuó: «Seguramente ustedes me van a citar el proverbio: “¡Médico, cúrate a ti mismo! Haz aquí en tu tierra lo que hemos oído que hiciste en Capernaúm.”
24
Pues bien, les aseguro que a ningún profeta lo aceptan en su propia tierra.
25
No cabe duda de que en tiempos de Elías, cuando el cielo se cerró por tres años y medio, de manera que hubo una gran hambre en toda la tierra, muchas viudas vivían en Israel.
26
Sin embargo, Elías no fue enviado a ninguna de ellas, sino a una viuda de Sarepta, en los alrededores de Sidón.
27
Así mismo, había en Israel muchos enfermos de lepra en tiempos del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue sanado, sino Naamán el sirio.»
28
Al oír esto, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron.
29
Se levantaron, lo expulsaron del pueblo y lo llevaron hasta la cumbre de la colina sobre la que estaba construido el pueblo, para tirarlo por el precipicio.
30
Pero él pasó por en medio de ellos y se fue.