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Nueva Versión Internacional

1 Dichoso aquel a quien se le perdonan sus transgresiones, a quien se le borran sus pecados.
2 Dichoso aquel a quien el Señor no toma en cuenta su maldad y en cuyo espíritu no hay engaño.
3 Mientras guardé silencio, mis huesos se fueron consumiendo por mi gemir de todo el día.
4 Mi fuerza se fue debilitando como al calor del verano, porque día y noche tu mano pesaba sobre mí. Selah
5 Pero te confesé mi pecado, y no te oculté mi maldad. Me dije: «Voy a confesar mis transgresiones al Señor», y tú perdonaste mi maldad y mi pecado. Selah
6 Por eso los fieles te invocan en momentos de angustia;1 caudalosas aguas podrán desbordarse, pero a ellos no los alcanzarán.
7 Tú eres mi refugio; tú me protegerás del peligro y me rodearás con cánticos de liberación. Selah
8 El Señor dice: «Yo te instruiré, yo te mostraré el camino que debes seguir; yo te daré consejos y velaré por ti.
9 No seas como el mulo o el caballo, que no tienen discernimiento, y cuyo brío hay que domar con brida y freno, para acercarlos a ti.»
10 Muchas son las calamidades de los malvados, pero el gran amor del Señor envuelve a los que en él confían.
11 ¡Alégrense, ustedes los justos; regocíjense en el Señor! ¡canten todos ustedes, los rectos de corazón!
1 32:6 de angustia (LXX y Siríaca); de encontrar solamente (TM).
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