Psalm 44

Nueva Versión Internacional (Castilian)

Oh Dios, nuestros oídos han oído y nuestros padres nos han contado las proezas que realizaste en sus días, en aquellos tiempos pasados: Con tu mano echaste fuera a las naciones y en su lugar estableciste a nuestros padres; aplastaste a aquellos pueblos, y a nuestros padres los hiciste prosperar.[1] Porque no fue su espada la que conquistó la tierra, ni fue su brazo el que les dio la victoria: fue tu brazo, tu mano derecha; fue la luz de tu rostro, porque tú los amabas. Sólo tú eres mi rey y mi Dios. ¡Decreta las victorias de Jacob! Por ti derrotamos a nuestros enemigos; en tu nombre aplastamos a nuestros agresores. Yo no confío en mi arco, ni puede mi espada darme la victoria; tú nos das la victoria sobre nuestros enemigos, y dejas en vergüenza a nuestros adversarios. ¡Por siempre nos gloriaremos en Dios! ¡Por siempre alabaremos tu nombre! Selah Pero ahora nos has rechazado y humillado; ya no sales con nuestros ejércitos. 10 Nos hiciste retroceder ante el enemigo; nos han saqueado nuestros adversarios. 11 Cual si fuéramos ovejas nos has entregado para que nos devoren, nos has dispersado entre las naciones. 12 Has vendido a tu pueblo muy barato, y nada has ganado con su venta. 13 Nos has puesto en ridículo ante nuestros vecinos; somos la burla y el escarnio de los que nos rodean. 14 Has hecho que seamos el hazmerreír de las naciones; todos los pueblos se burlan de nosotros. 15 La ignominia no me deja un solo instante; se me cae la cara de vergüenza 16 por las burlas de los que me injurian y me ultrajan, por culpa del enemigo que está presto a la venganza. 17 Todo esto nos ha sucedido, a pesar de que nunca te olvidamos ni faltamos jamás a tu pacto. 18 No te hemos sido infieles, ni nos hemos apartado de tu senda. 19 Pero tú nos arrojaste a una cueva de chacales; ¡nos envolviste en la más densa oscuridad! 20 Si hubiéramos olvidado el nombre de nuestro Dios, o tendido nuestras manos a un dios extraño, 21 ¿acaso Dios no lo habría descubierto, ya que él conoce los más íntimos secretos? 22 Por tu causa, siempre nos llevan a la muerte; ¡nos tratan como a ovejas para el matadero! 23 ¡Despierta, Señor! ¿Por qué duermes? ¡Levántate! No nos rechaces para siempre. 24 ¿Por qué escondes tu rostro y te olvidas de nuestro sufrimiento y opresión? 25 Estamos abatidos hasta el polvo; nuestro cuerpo se arrastra por el suelo. 26 Levántate, ven a ayudarnos, y por tu gran amor, ¡rescátanos!